Muerte de Steve Jobs

Esta NO es otra entrada para recordar a Steve Jobs.

Que el aviso no os lleve a engaño: ni le deseaba nada malo a este hombre ni mucho menos considero que sea alguien a quien no debamos respetar. Al César lo que es del César, se dice.
Deja tras de sí una empresa muy exitosa, con una clientela muy fiel y bien posicionada tanto por su situación económica como por su imagen corporativa. Se le considera padre de dispositivos punteros y que han calado muy muy hondo en la sociedad; por este orden: los macintosh (y variantes iMac, MacBook, etc.), el iPod (en todas sus formas y tamaños), el iPhone (presentada la versión 4S el dia anterior a su fallecimiento) y el iPad, que convirtió a los tablets de dispositivos que nadie sabia muy bien si tendrían mercado a un gadget superventas que abre una nueva vía de negocio y por el que todo el mundo pierde la cabeza.

Yo, que no lo conocí personalmente y que siempre me mantuve bastante alejado de Apple por mi proximidad al software libre (estuve a punto de pedirle un iMac a mis padres en 1996, pero sabía que era carísimo); no puedo escribir una entrada tipo “siempre recordaré a Jobs” o “vivirá en nuestros corazones”.
Porque para mí, sigue siendo el empresario que se hizo a si mismo, pero no el guía espiritual que mucha gente (especialmente, compradores compulsivos de productos Apple) quiere que sea.
En primer lugar porque me resulta complicado identificarme con un hombre de conocida arrogancia, tan impulsivo y crítico con todos los demás. Y en segundo lugar porque nunca sostuve que una plataforma cerrada con software totalmente privativo fuese beneficioso para la informática en sí. Este modelo era, sencillamente, uno de todos los que deben convivir con otro software libre o gratuito. Justo como sucede con Microsoft, que mal que pese a muchos o extrañe a otros tantos, sí que de vez en cuando envía a la comunidad una pequeña gota de código.

Por eso, y ya que es casi imposible hablar de Jobs sin hablar de Gates; me preocupa todavía más las reacciones a la noticia. Y de las reacciones sí que puedo hablar: es ejercicio de todos el moldear la conciencia colectiva donde archivemos la figura de Steve Jobs; y me preocupa cómo la gente (y sobretodo, los medios) lo quieren recordar como un gurú omnisciente e irrepetible. Su figura se está exaltando de manera totalmente artificial y exagerada. ¿Hubiese ocurrido lo mismo si se tratase de Gates? Ni de lejos. El fundador de Microsoft nunca gozó de buena prensa, algo que Jobs manejaba a la perfección.
Las conferencias de Steve Jobs cada vez que presentaba un nuevo dispositivo eran pura locura (“hipe” que dicen los ingleses), donde la forma superaba al contenido. Así, normal que la prensa ávida de titulares lo tuviese en un altar, muy por encima de el tácito, multimillonario y envidiado Bill.
¿Así quiere la sociedad recordar al co-fundador de Apple? ¿Tan buena era su melodía que a los niños de Hamelín se llevó? Ensimismados, tan cegados por la euforia contagiada por este hombre que incluso en su ausencia no hay perspectiva de que pongan los pies en la tierra.

A tal grado llega la prostitución de la noticia que se han establecido altares en las entradas a las Apple Store de varias ciudades norteamericanas. Todo el mundo se hace eco: “iSad” y “Steve Jobs” trending topics de twitter durante horas. Todos se sienten profundamente afectados y apenados. Mañana saltarán de alegría con una nueva función del iPhone. Nadie escatima calificativos y alabanzas.
Y mi mayor temor: esto supondrá un impulso en las ventas de la compañía. Porque si ya estaba de moda, ahora lo estará más. Flaco favor nos es a todos, porque nunca fue bueno que una compañía dominase todo un sector, y esto está empezando a ocurrir. Pocos pueden toserle al iPad o al iPhone. Menos aún a los iPod. Quien compra un Mac parece caer en una telaraña de la que es imposible escapar. Y justo quien quiso “derrocar” la hegemonía de IBM (y la de Microsoft) es ahora la causa de un furor que parece imponer a Apple como la única opción a seguir; convertidos en lo que su propio enemigo era.

El destino, al parecer, no está carente de cierta ironía.
Morpheo, The Matrix (1999)

Bola extra: para los que nos gusta la saga de juegos Half-Life, aquí está el anuncio con el que el juego y la plataforma Steam se promocionaron para Mac.

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