Foreign Parts (V. Paravel & J. P. Sniadecki) en el CGAI con Martín Pawley

Esta noche estuve viendo la proyección del documental Foreign Parts en el CGAI de A Coruña, con @ipliomr. El documental viene precedido por lo visto de un gran éxito en los festivales de cine documental y el crítico Martin Pawley hizo una pequeña introducción. Por delante hora y media de visionado…

El CGAI
Es un edificio público situado en la calle Durán Loriga (cerca del Opencore de Juana de Vega). En él hay una biblioteca municipal y una sala de proyecciones, al menos que yo pudiese ver. En la primera planta, está el Colegio Oficial de Médicos de A Coruña, con lo cual @ipiomr y yo estaríamos a salvo si nos diese un “jamacuco”. No tuvimos tanta suerte…

Foreign Parts
La cinta arranca de la forma más anodina posible. Nos presenta un panorama desolador, inhóspito y repleto de traficantes de poca monta, ex-presidiarios e inmigrantes que regentan negocios de dudosa legalidad. Willets Points es la parte de atrás de Nueva York: un enorme desguace de coches tras el estadio de los New York Mets.

Los dos años a lo largo de los cuales se realizó el rodaje permite que los habitantes del desguace se sientan más cómodos frente a las cámaras. El “elenco” es variopinto: una anciana con problemas de alcoholismo, drogadictos, un viejo republicano que intenta salir adelante tras 76 años viviendo allí, un adolescente que sólo piensa en traficar y correr carreras ilegales para ganar dinero, una pareja que quiere abandonar el lugar…
Esa pequeña confianza con estos ciudadanos olvidados permite hablar de temas como drogas, política o violencia frente a la cámara sin demasiados disimulos.
Contrasta la capacidad de esta gente para reconocer sus actividades ilegales con el mutis por el foro de los funcionarios que aparecen fugazmente hacia el ecuador de la película.
Al margen de detalles técnicos y de estrategias de realización, llegas al final habiendo entablado cierta empatía con muchos de estos caracteres. Y es al final cuando, cruelmente, ves que son barridos del mapa por nuevas barriadas con tiendas, centros comerciales, miles de viviendas, etc. Realmente es el punto más conflictivo y escondido de la cinta: oculto en los créditos en forma de subtítulos, voces en off y epílogos.

Martín Pawley
Aquí comenzó la deriva. El análisis del “experto” se quedó en una contradicción mayúscula que no puedo pasar por alto.
Se hizo mucho incapié, por ejemplo, en la “magia” de Willets Points como espacio de trabajo, para a continuación reconocer que ese mismo espacio existe en probablemente todas las ciudades del mundo.
Y en palabras del propio Pawley: “Esta es una película que hay que ver hasta el final, porque aún hay voces y subtítulos”. Hipócrita, bellaco mentiroso. De haberlo hecho, habrías analizado algo más que el marco donde se desenvuelve la acción. Habrías esperado a poder escuchar esas últimas frases y comentarlas. Pero somos expertos en hacernos los interesantes. En eso sí.
Porque es una película donde claramente se denuncia marginación alevosa de un sector social, donde se detallan los datos de cómo un ayuntamiento barre urbanísticamente a dos millares de personas de su hogar y, además, no les ayuda a trasladarse a otro lado ni les da garantías de que puedan mantener unos puestos de trabajo.
Más que “documental observativo” es una auténtica tragedia digna de otros directores de mucho más renombre (me viene ahora a la cabeza Michael Moore por citar al más famoso).
Algunos espectadores hicieron auténticos comentarios racistas en varias ocasiones. Por lo visto no hay zona de sudamérica donde nieve alguna vez, o donde se sepa hablar inglés. No. Sudamérica debe ser un pasto yermo, seco, lleno de gente que solo habla español y con nombres como Armando Francisco o Javier Alfonso de las Mercedes. La telenovela embebida en la realidad.
Realmente, el europeo no es mejor que el alcalde americano que sin demasiadas complicaciones olvida a esta gente y duerme tranquilo por las noches. ¿Es este espectador cómplice de lo que se denuncia? Seguramente.

No pude hacer uso del turno de palabra. Me quedé con las ganas y con un mosqueo importante acerca del “experto” Pawley y de la gente que hizo esos comentarios (paradójicamente, uno de ellos era venezolano). Una vergüenza.

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