Los 25

bdayLa verdad es que me esperaba otra cosa. Para mí los 25 suponían una barrera psicológica, un punto de inflexión, la frontera entre la adolescencia tardía y la plena edad adulta.

Antes de los 25 uno no se extraña de seguir estudiando, de estar sin pareja o de salir hasta las tantas de la madrugada, como a un universitario que se precie le corresponde. En esa “tierra de nadie” entre la mayoría de edad y los 25, uno tiene carta blanca para divertirse y ser lo que quiera ser.
La barriguita, las ojeras, las facturas y la alopecia te parecen problemas ajenos porque ¡eh! ¡Yo me lo curré para llegar a la universidad! ¡Dame un poco de manga ancha ahora!

Antes de los 25 uno sale de fiesta entre semana si surge la oportunidad, prueba cócteles, gin-tonics y cervezas extranjeras, hace excursiones con los amigos, atiende a clase con ganas de aprender, no se siente presionado por el paso del tiempo y cree que es mejor aprender bien que simplemente aprobar para sacarse créditos de encima. Antes de los 25, uno disfruta participando en proyectos nuevos al margen de las clases. Son divertidos, aprendes cosas del mundo real y te dan la falsa ilusión de que te beneficiarán en la nota media.

Antes de los 25 uno quiere conocer a toda clase de gente y visitar todo tipo de lugares. Quiere aprender de quiénes le rodean y rodearse de quiénes quieren lo mejor para ti.
Antes de los 25 uno probablemente no tiene prisa por encontrar una pareja estable: ya habrá tiempo para eso. Antes de los 25, uno no cree que las relaciones largas merezcan la pena porque ¡eh! ¡Ni siquiera tengo 25!

Antes de los 25 uno empieza un blog porque su cabeza está a punto de estallar con nuevas ideas, opiniones que uno cree bien formadas y ganas de compartir pensamientos. Antes de los 25 uno ve esto como algo honorable, propio de un mundo superior y utópico en el que el conocimiento es un bien preciado y digno de ser universalmente compartido. Antes de los 25, uno se siente en la obligación de colaborar con tal causa.

Antes de los 25 uno aprende que, de todas las formas posibles de tratar con la gente, el sentido del humor y la humildad es lo más efectivo. Uno aprende que tienes que saber reirte de tí mismo para que el resto del mundo te tome en serio. Uno aprende que tiene que ser el reflejo visible de las debilidades e inseguridades de otros para que aprecien en ti una humanidad poco común y que les hace dejar de ocultar y sentir menos vergüenza por sus “defectos”. Antes de los 25 uno aprende a ser una caricatura cómica y autocrítica de quienes le importan, para que puedan descargar ese peso en ti.

Antes de los 25 uno se esfuerza por escuchar y comunicar a partes iguales. Uno se da cuenta de que ser buen oyente es fundamental para hablar con seguridad y acierto. Y también antes de los 25 uno entiende que es mejor tener sangre en las venas, desparpajo y tesón para saber hablar en público cuando los demás no se atreven o no quieren, sea bien para presentar un trabajo, bien para presentar una queja. Uno se da cuenta de que los problemas no se resuelven por sí solos, aunque a veces infantilmente lo desee.

Antes de los 25 uno aprende que las palabras no lo expresan todo. “Estar” puede ser mejor que “Hablar” y lo mismo sucede para ofrecer una mano y aconsejar. No digamos ya el abismo que separa “criticar” con “despreciar”. Antes de los 25 uno prefiere construir que derribar.

Bastante antes de los 25 uno cree que ya no es el adolescente inmaduro de la época del instituto; y antes de los 25, uno ha aceptado someterse a una ortodoncia o algún otro tratamiento de tipo estético sabiendo que a la larga se sentirá más a gusto consigo mismo. Antes de los 25 uno entiende que es el momento de cuidar sus apariencias, aunque esto no le quite de todo el sueño. De hecho, uno va sobrado de personalidad. Tiene tanta que este tipo de cosas no le perturban lo más mínimo y las supera con facilidad. Y cuándo no, las sobrelleva con filosófica paciencia. Antes de los 25, uno se preocupa por su físico pero confía plenamente en su interior. ¿Quién lo hará sino?

Antes de los 25, esa fuerte personalidad, el amplio sentido del humor y la determinación hacen que uno quiera ser sobre todas las demás cosas, querido. Y no quiere que sea por una persona o por dos. Uno quiere sentirse querido por quienes uno mismo quiere. Por eso, uno entiende que es vital aportar luz y felicidad a la vida de los demás. Incluso en los más pequeños detalles. Uno tiene que ser el chute de ánimo que todos los demás necesitan y la sonrisa que el resto necesita ver. Uno comienza a responder automáticamente al “¿Como estás?” con un fulgurante “¡Muy bien!” sin importar si la respuesta es meditada y mucho menos si es cierta. Uno establece una coraza impenetrable que solo refleje la luz del sol, para que todos la reciban incluso cuando vivan su día más gris.

Antes de los 25 uno espera algo de la vida más allá de lo habitual. Uno espera que llegue el día en que se case con una bella mujer o un apuesto hombre, dependiendo de sus preferencias. Uno espera formar una familia feliz, llena de momentos dulces e inolvidables. Uno espera envejecer acorde a todos los principios que, antes de los 25, uno ha adquirido. Antes de los 25 uno guarda celosamente esta esperanza porque revelarla no es algo que vaya a hacer, pero se aferra a ella con todas sus ganas. Antes de los 25, uno es demasiado ingenuo como para darse cuenta de que quizás esté pidiendo demasiado para lo poco que uno puede ofrecer; sin embargo, antes de los 25 uno adquiere la superstición del Karma creyendo en una justicia divina que a todos sin excepción nos pondrá en nuestro sitio. Antes de los 25, uno aplica sus principios deseando ser en el futuro una persona respetable por todo lo que en su vida ha hecho. Antes de los 25, los demás te acaban importando más que tú y los antepones a todo sin dudarlo por un solo segundo.

Tristemente es probable que antes de los 25, la muerte se tope con alguien cercano. A fin de cuentas lo de la esperanza de vida solo es “esperanza”. Antes de los 25, descubres que cada instante de la vida de quiénes quieres es infinitamente más valioso para ti que cualquier instante de la tuya. Antes de los 25, crees y deseas en proporción 50-50 ser buena persona.

Antes de los 25, te esfuerzas en asimilar que no lo sabes todo, que no debes tener demasiados prejuicios y esperas que la vida así lo corrobore. Conforme vas confirmando este hecho, más seguro estás de que, en general, por tu experiencia aciertas en un mayor número de veces. Antes de los 25, esta paradoja es irresoluble.

Bastante antes de los 25 habrás ganado algún dinerillo en alguna clase de trabajo o realizando algún tipo de tareas. Mucho antes de los 25, te lo habrás gastado todo.

El día después de cumplir los 25, necesitarás hacer examen de conciencia para no sentirte mal por haber tardado tanto en poner los pies en la tierra.

¿Sabes lo que me gustaría ser? ¿Sabes lo que me gustaría ser de verdad si pudiera elegir? Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura.

El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger.

Complejo de autosuficiencia
Paranoia

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2 comentarios sobre “Los 25

  1. El día después de los 25 te das de cuenta de que la reflexión no viene marcada por una única fecha, sino por la forma de pensar, que al igual que el buen vino, va mejorando con los años.

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