Las palomitas

No estamos hablando de metamorfosis. El maíz no es un capullo del que luego emerja una palomita. Siempre que comáis palomitas pensad que lo que estáis comiendo es un pequeño milagro: es la cristalización de un estallido. Una explosión puesta en pausa.
Berto Romero, Nadie Sabe Nada 5×38

Anuncios

Los captchas

Al principio te pedían que identificases señales y cosas así. Después era que identificases helicópteros… Lo próximo te va a poner una lista de gente y venga: identifica los terroristas afganos entre estos cinco.
Carlos González, Coffee Break Ep. 167

La navaja

Nunca tuve en mi poder una navaja. Vaya usted a saber porqué a pesar de que desde pequeño siempre me han fascinado los personajes de las películas, libros y videojuegos de aventuras. Ese hombre (o esa mujer) resuelto, capaz de salir de cualquier apuro con una combinación de habilidad, conocimientos prácticos e ingenio. Podría mencionar a Indiana Jones, a Tintín, a Lara Croft… o a mis amigos. Personas cárnicas de cuerpo humano caliente.
Reconozco que son herramientas la mar de prácticas en mil y una situaciones; y cada vez que veía a alguien utilizarla, me venía el típico pensamiento “globo-chicle“. Una idea fugaz que surge en mi cabeza y que, tan pronto como aparece, explota y se va, desplazada por las cosas que realmente me ocupan, la conversación que estoy manteniendo, o una idea nueva con algo más de sustancia. ¿Por qué narices no tengo yo una también?

La navaja
El caso es que nunca tuve una pero hace algo más de un año, uno de mis mejores amigos se dejó una en mi casa y la enganché a mis llaves para recordar devolvérsela en cuanto tuviese ocasión.
Se trata de una Victorinox Classic SD en color azul, probablemente la navaja más común que existe y que podrías encontrar en casi cualquier parte.

Ésta en concreto, aunque pequeña, dispone de 7 herramientas básicas: tijeras, hoja de cuchillo, lima, destornillador, anilla, mondadientes y pinzas. No utilicé jamás el mondadientes por lo poco higiénico del asunto, pero las demás ya las he empleado todas.
Victorinox es sin duda la marca de navajas suizas por excelencia, tal y como puedes leer en la Wikipedia. Por eso no resulta difícil encontrarlas, incluso a través de Amazon. Otra marca bastante conocida y que me resulta familiar es Leatherman.

El día a día
Aquí van una lista hecha “al vuelo” de cosas mundanas que he llegado a hacer con la pequeña Victorinox:
– Abrir paquetes y cartas
– Cortar esos molestos pellejos de piel alrededor de las uñas
– Extraer astillas cuando me he clavado alguna
– Cortar y pelar cables, cuerdas y bridas
– Quitar las etiquetas a prendas de ropa nuevas
– Ayudarme de las pinzas para manipular tornillos muy pequeños
– Cortar fixo, cinta americana, aislante o de carrocero sin tener que recurrir a los dientes ni estropear más cantidad de la que iba a utilizar
– Abrir envases de comida rebeldes
– Pelar fruta
– Darle vueltas entre mis dedos (tengo las manos inquietas, pero cuidado con la hoja de corte)

El accidente
La situación donde tener la navaja fue determinante sucedió tal día como hoy el verano pasado. Volvíamos de una actuación y ya casi eran las siete de la mañana. En la furgoneta intentábamos no quedarnos dormidos volviendo desde A Cañiza hasta A Coruña; apenas había tráfico y todavía no habíamos pasado Santiago. A la altura más o menos de Padrón, nos encontramos un coche volcado unos pocos cientos de metros más adelante, tras una curva. Aquello nos despertó a todos de sobresalto.
Una mujer gateaba para salir por el hueco de la ventana de los asientos traseros, mientras un señor mayor hacía lo mismo desde la posición del conductor.
– ¡Os**as! ¡Frena! ¡Para ahí!
En apenas un par de segundos fuimos capaces de organizarnos: el conductor estaba llamando ya a los servicios de emergencias. Iba a poner triángulos y hacer señas a los otros vehículos que viniesen, para aminorar y tener precaución: cada vez que pasaba uno, minúsculos cristales y trozos de la carrocería del vehículo saltaban a una velocidad que los convertía en peligrosas cuchillas. El otro compañero, a ayudar al hombre; yo a la mujer. Todavía quedaba una señora en el asiento del copiloto, con el cinturón de seguridad aun puesto (gracias al cielo).
– ¡Emilio busca un cuchillo o un cúter en la furgo para cortar el cinturón!
La señora estaba sangrando por la cabeza y teníamos que sacarla de allí como fuese. Con la mujer sentada junto al quitamiedos, saqué la navaja de mi bolsillo y preparé la cuchilla. Ojalá pudiese cortar el cinturón. Por suerte, conseguimos cortarlo y sacar a aquella pobre señora.
Según el hombre relataba, no sabía lo que había pasado, podría haberse quedado dormido durante unas décimas de segundo. No dejaba de llorar, pedir perdón, clamar por que llegasen rápido las ambulancias e intentar que su mujer no perdiese el conocimiento. Estaban los tres desorientados, en shock. Les recuperamos sus pertenencias básicas. Había un par de teléfonos en el asfalto, llaves, una cartera, etc.
Con unas mantas, unas estructuras plegables de metal y unas espumas que llevábamos en la carga, pudimos hacer una especie de “tienda de campaña” improvisada donde refugiar a aquellas personas de la lluvia y calmarlas. Por suerte, las ambulancias y los bomberos llegaron rápidamente y nosotros continuamos nuestro camino más despiertos que nunca. Hoy en día (con el bonito recuerdo de haber podido ayudar a esta familia) nos reímos imaginando a los bomberos preguntándose al ver la situación: “¿Que rayos transportarán estos tres en esa furgoneta para haber montado este despliegue tan bizarro?” 😝

Otras Multi-herramientas
A raíz de todo lo que he utilizado la navaja desde que la tengo, me gustaría poder incluir también en mi mochila una Multi-tool (por ejemplo ésta, u otra similar). Además de las funciones de mi Victorinox, tienen muchos más usos. Como desventaja, son un poco más grandes y pesadas, con lo que no la utilizaría como llavero. Sin embargo, no está de más y no debería pesar en tu mochila o bandolera.

El regalo
Al volver a ver a mi amigo y contarle la historia con la intención de devolverle su navaja, directamente me dijo:
– Quédatela. Es útil y no tienes así que te la regalo. De todas maneras, yo necesito otra diferente.
Desde ese día, no me he separado nunca de ella. Aprendí la lección de que siempre hay que tener una navaja suiza a mano por lo que pueda pasar.

Aquí estamos

Saludos, amigas de toda la galaxia. Pues ya estamos aquí. Sí, estamos aquí… y esto que acabo de decir es una tautología como un piano, porque uno siempre está “aquí”. Básicamente esa es la definición de “aquí”. “Aquí” es el sitio donde está uno así que… Por definición siempre estamos aquí. Bueno, casi mejor empiezo de nuevo…
Héctor Socas (@hsocasnavarro), Coffee Break Ep. 145

Un blogger atípico

En estos últimos días he estado reformando un poco el blog. Aunque no he tocado el aspecto (no he encontrado un tema de mi agrado) sí que he marcado como privados algunos posts antiguos que no aportan nada.
También había varios casos de videos de youtube que había compartido aquí y que ya no se podían ver, y he borrado esas entradas.

Debo ser el blogger más atípico que uno pueda encontrar, pues resto en lugar de sumar. Ya estaba cerca de las 500 entradas publicadas y ahora mismo hay (publicadas y públicas) algo menos de 400.
He procurado que esta limpieza a fondo -que incluye categorías, etiquetas y enlaces perdidos- sea lo más eficaz posible.
No es la primera vez que hago esto, así que creo que todo ha salido bien. Por supuesto, te pido que si encuentras algo que no funciona, por favor, me dejes un comentario.

¿Por qué lo hago? En primer lugar porque me gusta mantener en forma la página, con todos sus contenidos y enlaces funcionando. No quiero que quede nada por ahí desperdigado. Además, la salud de todos los posts ya sólo depende de WordPress.com y de mi cuenta de iCloud Drive para esos archivos adjuntos rebeldes que no puedo subir directamente.
Por otro lado, he decidido cerrar algunos frentes abiertos y focalizarme más en los contenidos principales que publico, minimizando la publicación de entradas de carácter más personal o irrelevantes para los visitantes. No es que no las escriba, simplemente no están visibles. Protejo así la privacidad de las entradas que escribo para mí mismo, a modo de journal, y quito “paja” de en medio.

Hay un tercer motivo, menos técnico y menos práctico, pero más de fondo. En mi último cumpleaños (mi trigésima órbita en este sistema Solar) me han regalado el libro de Francisco Bernabé Durán, del blog Pons Asinorum. Su recopilación de historias escritas en su sitio me ha hecho ver el efímero poso que pueden dejar las entradas de como esquivar un error del sistema operativo, o los análisis de juegos y hardware. Todo esto caducará con el tiempo. Los errores se subsanarán, el hardware se quedará obsoleto, los juegos habrán perdido cualquier interés, etc.
Quiero escribir para mi yo futuro y asegurarme de que vaya a ser interesante. Recopilar vida, no información.

En definitiva, menos cantidad y más calidad. No voy a competir con quienes pueden publicar quince o veinte entradas al día, pero voy a intentar que cada texto publicado sea lo más relevante posible para mi… y para tí, que lo estás leyendo.